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miércoles, 17 de diciembre de 2014

HERODES EL GRANDE

(Ascalón, Israel, 73 a.C.-Jerusalén, 4 a.C.) Rey de Judea (39 a.C-4 a.C.). Hijo de Antípatro, perteneciente a una familia idumea, Herodes logró ganarse la confianza de los romanos, apoyando a los diferentes bandos a lo largo de los enfrentamientos civiles que pusieron fin a la República, y así obtuvo su apoyo para imponerse a la familia rival en el poder, los asmoneos, emparentados con los macabeos. 

Dotado de una gran habilidad para la intriga, consiguió ir eliminando a los diferentes líderes asmoneos, entre ellos a Antígono, hijo de Aristóbulo II, gracias a su alianza con el rival de éste, Hircano, a través de una boda con su hija, Mariana. Una vez aniquilada la oposición. 

Herodes, que había obtenido de los romanos el título de rey sobre unos territorios casi tan amplios como en tiempos de David, se dedicó a limpiar los caminos de bandidos para complacer a sus protectores. Hecho esto, y en un intento de mejorar su imagen ante el pueblo –que lo aborrecía–, se embarcó en una política de grandes obras públicas, entre las que cabe resaltar la reconstrucción del Templo de Jerusalén o la fundación de la ciudad de Cesarea. 

Sin embargo, no consiguió ganarse las simpatías de sus súbditos, que seguían viéndolo como un advenedizo. El aire helenístico de su corte, y su desconfianza hacia todos los que lo rodeaban, que lo llevaron a eliminar a todos cuantos estuviesen emparentados con los asmoneos –incluida su esposa y los hijos que había tenido de ella–, no ayudaron a mejorar su imagen. A pesar de todo, Herodes fue un gobernante eficaz; aseguró la paz interna, impulsó el comercio y veló por su pueblo, como lo demuestra el hecho de que despojase de riquezas sus palacios para comprar trigo en Egipto con el que hacer frente a la hambruna del 25 a.C.