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lunes, 18 de junio de 2012

ABD AL-QÁDIR

Abd al-Qádir al-Yaza'iri ibn Muhy al-Din (عبد القادر الجزائري en árabe), también conocido como Abdelkáder o Abdel Kader, (Guerna, Mascara 6 de septiembre de 1808 - Damasco, 26 de mayo de 1883), emir de Argelia. Su nombre significa "Servidor del Todopoderoso".

Emir de Argelia. Tras proclamarse emir en 1832, continuó la lucha contra la dominación francesa iniciada por su padre. No obstante, se vio obligado a firmar la paz de Tafna (1837), que reducía sus posesiones a Orán y una parte de la provincia de Argel. Dos años después violó los acuerdos anteriores cuando invadió la Mitidja y asesinó a numerosos colonos europeos. Como respuesta, las tropas francesas ocuparon toda Argelia y Abd al-Qadir tuvo que refugiarse en Marruecos. Sus propósitos de continuar la lucha, en forma de guerra de guerrillas, desde territorio marroquí, le enemistaron con el sultán de Marruecos, quien le entregó a las autoridades francesas en 1847. Permaneció en prisión hasta 1852, y una vez liberado vivió en Damasco hasta su muerte. Años después, sus cenizas fueron inhumadas en el «recinto de los mártires», en Argel. En 1832 inició el levantamiento contra los franceses llamando a la Guerra Santa, y puso sitio a Orán. Proclamado príncipe de los creyentes (amir) en 1832. Prosiguió su guerra contra los franceses hasta que en el Tratado de Tafna (1837) se le concedió el control de la provincia de Orán y una parte de la de Argel. En 1839 atacó la Mitidja, pero fue derrotado por las tropas francesas, que en 1843 completaron la ocupación de Argelia.

Refugiado en los confines de Marruecos, intentó continuar la lucha, pero la derrota de su aliado, el sultán marroquí ‘Abd al-Rahmán en la batalla de Isly (1844) le forzó a entregarse a los franceses (1847). Fue internado en Francia, primero en Toulon y luego en Pau, hasta que en 1852 se le dio la libertad con honores. Durante este periodo escribió su al-Mirad al-Hadd, un breve escrito donde defendía el Islam de los ataques de un cura. Partió hacia Oriente, residiendo primero en Bursa (1853) y luego en Damasco (1855). En ella residió hasta su muerte. De esta época los historiadores han recogido su actuación en las revueltas de los drusos, donde protegió a los cristianos de las matanzas (por lo que se le concedió la medalla de honor de la república francesa) y su participación en la ceremonia de apertura del canal de Suez. Falleció en Damasco, y fue enterrado junto a la tumba del maestro sufí Ibn Arabi, aunque sus restos fueron trasladados a Argelia en 1966 por petición de este país, donde es considerado héroe nacional. 

Su papel como maestro sufí 
 Aunque la mayor parte de los historiadores se han centrado en su vida política y militar también fue un reconocido maestro del sufismo. Su contacto con el sufismo estaba presente desde su infancia. Su padre, Muhy al-Din, era representante de la tariqa Qadiriyya en Argelia y sin duda particípó de este círculo. Además, en la peregrinación a la Meca que realizó de joven junto a su padre conoció en Damasco al gran maestro de la oren Naqshbandi Jalid al-Bagdadi. Más tarde, una vez exiliado, realizó de nuevo la peregrinación, donde se vinculó al maestro shadilí Muhammad al-Fasi al-Shadili (m. 1289 h), de quien obtuvo instrucción espiritual y con quien recibió la apertura espiritual en la Meca. Otro importante detalle sobre su relación con el sufismo, y con el maestro andalusí Ibn Arabi especialmente, es que, a su llegada a Damasco, antes de atender a la recepción oficial que le esperaba, se desvió para visitar la tumba de este maestro sufí, sita en Damasco, en el barrio de la Salihiyya. También se le concedió como residencia la casa en la que había residido este maestro sufí siglos atrás en el casco antiguo de Damasco, en el barrio de sayda Ruqayya. Y esta relación con Ibn Arabi quedó luego patente en sus escritos, donde trata a Ibn Arab como uno de sus maestros espirituales, y su obra más importante, su K. al-Mawaqif, surgió como petición de sus discípulos, que le pidieron que recogiese como una obra aparte sus comentarios a la obras de Ibn Arabi. Su actividad durante su exilio en Siria se centró en la enseñanza de la teología y la práctica del sufismo. Dentro del sufismo sirio ocupa un lugar muy importante pues, además de ser ser el reintroductor del estudio de la obra de Ibn Arabi en Siria, fue el introductor de la rama darqawi de la shadhiliyya en la tierra del Sham. Las profecías de San Malaquías se refieren a el como al-masonen, gora-ta-sumision 

Obras 
Ŷazā’irī, Emir ‘Abd al-Qādir; Kitāb al-Mawāqif, Damasco, 1966, III vols. ––––, Poèmes Métaphysiques, trad. Ch. A. Gilis, Les Editions de l’Oeuvre, París, 1983.