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sábado, 16 de junio de 2012

ABD AL-AZIZ IBN MUSA


(?-Sevilla, 716) Segundo emir de al-Andalus. Hijo de Musa, tomó parte en la conquista musulmana del reino visigodo de Hispania. Cuando, en el 715, su padre y Tariq, requeridos por el califa al-Walid, marcharon a Damasco llevándose un cuantioso botín y gran número de prisioneros, fue él quien se convirtió en el nuevo gobernador (emir) de los territorios ibéricos.

Abd al-Aziz llevó a cabo una enérgica campaña, y pronto amplios territorios de la península Ibérica estaban en sus manos. Sin embargo, adoptó actitudes tolerantes y permitió a los cristianos, tanto a los que habían opuesto resistencia como a los que habían reconocido la nueva autoridad, el mantenimiento de sus costumbres y su religión. 

Casado con Egilona, viuda del rey Rodrigo, se instaló en Sevilla, ciudad en la que murió asesinado, al parecer a causa de las sospechas que pesaban sobre él de intentar fundar un reino independiente.

Era hijo del Musa ibn Nusair, quien le había encargado diversas misiones en el Magreb. Cuando en 714, el padre marchó a Damasco al ser llamado por el Califa Walid I, designó a su hijo Abd al-Aziz como gobernador de Al-Ándalus. Se casó con Egilona, viuda de Rodrigo para intentar atraer a la nobleza visigoda. Su figura y actuación, a pesar de su breve mandato, ha sido vista de forma muy diferente por la historiografía. Para unos, fue un modelo de gobernante; para otros, todo lo contrario, y lo acusan de apóstasta y de rebelde, con lo que justifican su asesinato. 

Musa le puso como asesor a Habib ibn Abi 'Ubayda al-Fihri, una persona de gran prestigio entre el yund árabe que permaneció en Al-Ándalus. Como gobernante, Abd al-Aziz ibn Musa, trató de completar y consolidar la política iniciada por su padre de afianzar el dominio musulmán en la Península Ibérica. Para ello siempre se encontró con la dificultad de la escasez de efectivos militares, por lo que tuvo que traer nuevos contingentes a los que prometió dar tierras.

Dicha política de reclutamiento tuvo como consecuencia diversas tensiones económicas y sociales entre los primeros conquistadores que acompañaron a Musa a la Península y que allí se quedaron, pues debían repartir sus ganancias y bienes con los recién llegados. En su mayoría, los nuevos efectivos eran bereberes o mawali (clientes o libertos omeyas). Estos conflictos han sido vistos como la causa del asesinato de Abd al-Aziz, que fue promovido por el yund árabe dirigido por su cabecilla Habib ibn Abi 'Ubayda al-Fihri, el asesor puesto por su padre. A finales de 714, al conocerse la renuncia a la corona del rey Agila II, los visigodos aliados se rebelaron y proclamaron rey a Ardón. Abd al-Aziz intentó que obedecieran al Califa en 715, pero al no conseguirlo decidió conquistar militarmente la Tarraconense nororiental y la Septimania. Pero antes de conseguir reunir el ejército que tenía que marchar a la zona fue asesinado en la primavera de 716. 

Fuentes cristianas achacan su muerte a una orden directa del califa de Damasco, Suleimán I, al ser denunciado por haberse convertido al cristianismo a instancias de su esposa. Para conseguir más fácilmente el dominio musulmán en la Península, Abd-al-Aziz siguió una política de pactos o tratados, mediante capitulaciones, con los mandatarios visigodos. Esta política fue la más frecuente y generalizada. Uno de los tratados mejor documentados -recogido por diversos autores como al-Dabbi, al-Razi, al-'Udri y al-Himyari- fue el que hizo (abril de 713) con Teodomiro, mandatario visigodo de la zona suroriental de la Península -Orihuela, Mula, Lorca, Alicante, Elche, Balantala y Ello-. En él y entre otras catorce importantes y significativas disposiciones, se permitía a Teodomiro poder seguir gobernando en dicha zona tras la conquista. Tras su asesinato, fue sucedido interinamente por Ayyub Habib al-Lajmi.